«Dajla no es solo un hermoso lugar con dunas de arena cinematográficas. En primer lugar, es una ciudad ocupada y militarizada cuya población autóctona saharaui está sometida a una brutal represión por parte de las fuerzas de ocupación marroquíes», afirma el Festival Internacional de Cine del Sáhara Occidental, cuyas ediciones tienen lugar en los campamentos de población refugiada saharaui en Argelia.

Uniéndose a activistas saharauis e internacionales de derechos humanos que piden al director Christopher Nolan que suspenda la producción de su esperada película La Odisea en la ciudad de Dajla, en el Sáhara Occidental ocupado por Marruecos, FiSahara hace un llamamiento urgente a Nolan y a su equipo, incluidas las estrellas de cine Matt Damon y Zendaya, para que «dejen de filmar en Dajla y se solidaricen con el pueblo saharaui que ha estado bajo ocupación militar durante 50 años.  y que es habitualmente encarcelado y torturado por su lucha pacífica por la autodeterminación».

Nolan, Zendaya y Damon fueron vistos a su llegada a Dajla alrededor del 17 de julio, y los medios pro-régimen celebraron que estaban en «las provincias del sur de Marruecos». Sin embargo, el Sáhara Occidental está catalogado como un «territorio no autónomo» por las Naciones Unidas, está bajo ocupación marroquí y aún no ha culminado su descolonización.

«Al filmar parte de La Odisea en un territorio ocupado catalogado como un ‘desierto para el periodismo’ por Reporteros sin Fronteras, Nolan y su equipo, tal vez sin saberlo y sin quererlo, están contribuyendo a la represión del pueblo saharaui por parte de Marruecos, y a los esfuerzos del régimen marroquí para normalizar su ocupación del Sáhara Occidental», sostiene la directora ejecutiva de FiSahara, María Carrión.

«Estamos seguros de que si entendieran todas las implicaciones de filmar una película de alto perfil en un territorio cuyos pueblos indígenas no pueden hacer sus propias películas sobre sus historias bajo la ocupación, Nolan y su equipo se horrorizarían», declara el festival.

«Marruecos promociona habitualmente las expresiones culturales saharauis como exclusivamente marroquíes. Crearon un festival de cine en Dajla para contrarrestar el nuestro y producir películas de alto presupuesto que retratan el Sáhara Occidental como parte de Marruecos. Sin embargo, los saharauis que intentan hacer películas sobre sus vidas son perseguidos y deben trabajar en la clandestinidad y con gran riesgo para ellos y sus familias. Un ejemplo es el documental Tres Cámaras Robadas de Equipe Media, uno de los muchos colectivos de medios y derechos humanos prohibidos por Marruecos. Animamos a Nolan a ver esta película, así como Cuatro días en el Sáhara Occidental: La última colonia de África de Democracy Now!»

FiSahara, miembro de la Red de Cine de Derechos Humanos que ha acogido en sus 18 ediciones a numerosas estrellas de cine como Javier Bardem, defensores de los derechos humanos como el ex presidente del Centro de Derechos Constitucionales Michael Ratner y muchos otros, tiene lugar en los campos de población refugiada saharaui de Argelia, donde miles de saharauis huyeron en 1975-76 tras la brutal invasión marroquí del Sáhara Occidental. En 1991, después de una guerra de 16 años entre el ejército marroquí y el Movimiento de Liberación Saharaui conocido como el Frente Polisario, un alto el fuego mediado por la ONU prometió a los saharauis un referéndum de autodeterminación, que Marruecos ha impedido que se celebre desde entonces.

Los y las saharauis que permanecen en el territorio ocupado se enfrentan a detenciones arbitrarias, desapariciones, torturas, violencia sexual y de género y muchas otras violaciones de derechos humanos. Los defensores y defensoras de los derechos humanos, los periodistas y los activistas saharauis por la justicia climática y el derecho a la tierra son perseguidos sistemáticamente por informar sobre estas violaciones. Marruecos tiene prohibida la entrada en el territorio a los medios de comunicación internacionales y a los observadores de los derechos humanos, incluido el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.

«Marruecos solo permite la entrada en el Sáhara Occidental ocupado a aquellos que encajan en su estrategia de vender su ocupación al mundo exterior», denuncia Carrión. «A los turistas que van a los resorts construidos y propiedad de Marruecos para practicar kitesurf, las empresas dispuestas a participar en su expolio de los recursos naturales, los periodistas dispuestos a seguir su línea y los visitantes de alto perfil como Nolan y su equipo que ayudan a Marruecos a vender la historia de que el Sáhara Occidental es parte de Marruecos, y que los saharauis se contentan con vivir bajo su dominio,  se les da un tratamiento de alfombra roja. Pero pregúntenle a organizaciones como Amnistía Internacional, al Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Volker Turk, o a los cientos de periodistas y observadores que han sido impedidos o deportados del territorio, y contarán una historia diferente».